
En la Rioja de en medio del camino, o cuando de verdad paras y te plantas y la eliges como destino de tu viaje, entonces lo que comienza es el pequeño universo del vino que lleva su nombre. Aunque veas montañas enserradas y suaves colinas, incluso parece ser que un gran rio la atraviesa reclamando su carácter, además de otros más pequeños, uno de ellos responsable de su denominación, o que los suelos sean de aquellas maneras: desde los cantos rodados de las orillas del gran rio a los de las cotas más altas, o que el clima sea como es en la Alta y se comporte de otra manera en la Baja …, todo es, incluso la gente, buena gente, muy buena, todo está donde está y es como es para que exista el vino de Rioja, su fin es proporcionar las condiciones que hacen de este vino un Rioja. Todo es para que el vino sea.
El gusto de un Rioja es el de su gente, a mà me sabe al hombre que me recibe y cariñosamente me muestra su vida que es la de su vino que son la de sus viñas aqui y allá, viñas salpicadas de colinas como granos que son villas desde las que estos hombres las vigian, villas como barcos en el mar de viñas, coronadas por iglesias en unas o castillos en otras.
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El gusto del Rioja es el de su gente, saben a pequeña bodega familiar que sigue la tradición riojana pero que se permite dar alguna pincelada novedosa en forma de monovarietal de graciano como la Bodega Heredad Baños Bezares en Briñas, en la banda izquierda del Ebro, bajo la Serra de Toloño, con el frente mirando a las cepas de la Viña Tondonia, en la otra orilla del rio.

O el gusto que habla de la fidelidad a la tradición heredada de los ancestros, asi en Muga el sabor que me deja su paso es lo de la conversación tranquila y segura, la parsimoniosa seguridad que transmite el paso de los años, la acumulación del quehacer con el incluso adn, con viñas conocidas como uno más de la familia, de la misma manera que adoptarón para moldear diferentes robles del mundo.
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El gusto del Rioja es fundamentalmente el del factor humano de la ecuación que define a los grandes vinos del mundo, aquellos que tienen las raices extendidas al largo de los siglos. Los suelos-terriñas, las castas o los microclimas rinden pleitesia, en este universo de vino riojano, al hombre que las utiliza para crear el vino que lo representa.
Pero esta es la conclusión final del gusto de un vino de Rioja. Sabor humano en un vino reflejo de una tierra entre sierra y rio, sobre ondulantes viñedos vigilados de puntillas por villas.
Todo comenzó cuando Manuel Gago me invitó a participar en esta experiencia, entonces vi la oportunidad de curar todos los prejuicios que en mi tierra provocan distribuidores y hosteleros … Como una tabula rasa acudi a llamada con la pretensión de soltar el lastre cargado con todos esos prejuicios acumulados y dispuesto a tomar la altura necesaria que me diera una visión limpia y clara, confesando de antemano que después de muchos años relacionado con el vino era a primera vez que pisaba bodegas y viñas riojanas, o que después de 225 entradas en mi blog solo una página hablaba de uno de sus vinos.
En realidad este relato comienza el miércoles por la mañana cuando nos es revelado el sentido que deberia guiar nuestra busca-descubrimiento del Rioja. Acostumbrado a encontrar la emoción del vino el través de los aromas y también con la vista y el oido en otras historias, y siempre con el tacto, el gusto no era mi preferido. Sin embargo fue más fácil de lo esperado, los riojanos me enseñaron el gusto de su vino. Es su reflejo.
Empecé estas jornadas con Roberto y David, rodeados de la buena gente riojana, una hora más tarde en el término de Montecillo concejo de Fuenmayor, donde el Ebro da un giro de 90º justo a la altura de la entrada a la Bodega Finca Valpiedra de la familia Martinez Bujanda. MaÃs adelante para evitar un pequeño desnivel del terreno pega otro giro, ahora de 45º, y asi remata por abrazar este valle de piedras. Siguiendo ese trazado del Ebro vamos descubriendo primero unas docenas de cepas blancas prefiloxéricas sobrevoladas por bandadas de bencejos.

Más adelante una joven viña de maturana tinta sobre cantos rodados

Probamos uvas de maturana, de graciano, de tempranillo y de cabernet: de gusto más fresco el graciano, dejando el recuerdo de su suelo la maturana, más goloso el tempranillo y robusto el cabernet.

En la bodega, donde las obras de Jose Antonio Olarte unen viticultura y arte, probamos sus vinos: Cantos de Valpiedra y el reserva Fincas de Valpiedra. Vinos de paso fresco como lo rio que por aqui dibuja un meandro, de cuerpo redondo y pulido como los cantos que llenan las viñas, elegantes como el vuel de las águilas que moran en estas orillas del rio.

En Briones el Museo Dinastia Vivanco. El proyecto cultural de la familia Vivanco, propietaria de esta bodega, merece una explicación detallada, con pocas palabras solo se me ocurre decir que cualquier estudiante de enologia, de viticultura o sumiller y por supuesto cualquier amante del vino tiene en este museo una visita obligada. No hay en el mundo otro semejante.
El gusto del Rioja es lo que transmite su gente, la pasión que roja recorre sus venas. Me sabe a su experiencia moldeando el fruto de las diferentes variedades de las diferentes viñas de las distintas villas de las varias Riojas.
La importancia de la Bodega como lugar en la que el hombre y las uvas conjugan sus personalidades en un vino. Bodegas como lugar de transmisión de la cultura del vino, de exposición y de museo vivo del vino.
Encontré en ámbitos muy distintos la misma emoción:
La experiencia y el trabajo de Juan B. Chavarri en la Granja institucional Viña Grajera, donde consigue con su conversación y su desbordante humanidad y por supuesto con la calidad del fruto de su trabajo, emocionarnos de tal manera como lo hace tomar un vino de estas tierras en la Ermita de Santa Maria de la Piscina en las faldas de Sierra Cantabria dominando el valle del Ebro.

El gusto de un Rioja es una conversación con Juan, son sus vinos.

Atentos a los próximos blancos riojanos, el tempranillo blanco viene con fundamentos y con Juan Chavarri detrás la apuesta es segura. Esperan mucho de esta añada del 2009 que dio uva blanca de excelente calidad.

Otra historia es poder volver a gozar de su primera elaboración: Viña Grajera 1982.

En este escenario totalmente propicio para transcender probamos los vinos de Bodegas TobÃa. Vinos sabrosos e intensos, su blanco fermentado en barrica … para ir máis alá.
Si el segundo dia comimos en el Echaurren en Ezcaray, del que espero la descripción que hagan mis compañeros con más fundametos y medios, el primer dia habia sido en la Bodega de Miguel Merino en Briones.



Miguel Merino desborda pasión y los vinos que elabora con su hijo su mismo gusto, el de un Rioja de paso clásico pero tremendamente amable y adictivo. Los de su hijo son la versión más actualizada de esa misma pasión, como la que pasa por la quinta cruz del calvario de Briones.

Gracias Estibaliz y a sus compañeras de Rioja Calidad por hacer que estos dias sean inolvidables, por supuesto gracias a todos los que tan cariñosamente nos recibieron en las diferentes estaciones de esta emocionante andanza. Y a mis compañeros Roberto, David, Joan y Manuel por aguantarme.







