
Los recuerdos se convierten en tales si existe un refuerzo. Antes sólo eran fotos, o sonidos, o souvenirs. En la Rioja ha sido con tacto. Aún conservo el de algunas manos curtidas y el de todas que apretaban abrazando, calientes, sin languidez. Tengo en la menoria de mis pies lo mollar de las tierras y las piedras redondeadas apretando la planta; lo pulido del cristal y de las copas, la frescura de las bodegas, el peso de las botellas;  lo cálido de los trabajadores de las bodegas visitadas y el rugoso de la piedra de sillerÃa de un románico puro.

Tratar de entender la Rioja y esta iniciativa en particular es hablar de personas. Nadie obliga a nadie a ser atento, a ser respetuoso, a guardar silencio o a aconsejar. Las bodegas son centros de produción de vino, dedicados, también, a ganar dinero. Fácil es mezclar todo y confundir pasión con business, con ambición y telenovela a lo Falcon Crest.

Pero es muy difÃcil encontrar quien olvida por momentos su trabajo, su negocio y muestra pasión, quizá la que le llevó a tomar el camino de convertirse en vinatero.

Quizá fue suerte o buena elección pero allà habÃa funcionarios entregados a su trabajo, sin horarios, apostando, como Juan B., por la tierra, la autenticidad, con un halo de cientÃfico romántico que ocupa una nave y allà saca adelante la tempranillo blanco, una variedad de la que se hablará porque los vinos son sensacionales.

Encontramos a una administración representada en personas como EstÃbaliz y RocÃo, de Rioja Calidad, que no cejaban en el empeño de hacer ver que lo suyo, el trabajo, estaba siendo además pasión. En ese momento nosotros éramos parte de su dÃa a dÃa…..

Qué decir de todos y cada unos de los bodegueros, al pie del lagar, esperando la estampida de las nubes para comenzar a llenar la bodega de uva. Todo se podÃa tocar y rozar con los dedos. Y algo más: la generosidad….







